jueves, marzo 23, 2006

Falló la fórmula: El fracaso del "golpe naranja" contra Lukashenko en Bielorrusia

23-Mar-06. -Bielorrusia se puso en la mira de la entente EEUU-UE con la campaña electoral por las presidenciales de marzo de 2006, donde finalmente el presidente pro-ruso Alexander Lukashenko consiguió la reelección en unos comicios que los inventores de las "revueltas naranja" consideran viciadas de fraude.

Repitiendo su conocida metodología (y tal como hizo Yushenko en Ucrania) no bien conocido el triunfo de
Lukashenko en las urnas se puso en marcha el "golpe naranja" con diez mil opositores pidiendo la anulación de los comicios.

La misma maniobra ensayaron en Georgia (2003) y Ucrania (2004) con las denominadas "revoluciones de terciopelo" y otros tantos intentos se probaron con Kazajstán, Azerbaiyán y Uzbekistán en 2005, sin obtener los resultados esperados.

Como ya se ha revelado
a través de la historia, la maquinaria internacional EEUU-UE, durante todos esos procesos, intentó
sustituir a líderes nacionalistas ex soviéticos por otros "más democráticos" aliados de "occidente", como fue el caso de Yushenko en Ucrania, cuya campaña fue alevosamente financiada y dirigida desde el Departamento de Estado norteamericano.

La esposa norteamericana del entonces candidato
Yushenko fue la secretaria del poderoso secretario del Tesoro norteamericano, George P. Schult, y se desempeñó luego como funcionaria jerárquica de Relaciones Públicas en la administración de George Bush padre.

Bielorrusia conforma un espacio estratégico clave en la disputa que mantienen EEUU y Rusia por el control del espacio post-soviético.

Si la entente "occidental"
consiguiese controlar al gobierno de Bielorrusia (como en Ucrania y Georgia) la OTAN cerraría el cerco contra Moscú en su flanco euro-occidental.

Por otra parte, en Bielorrusia se encuentra instalado el sistema de radares que alerta a Rusia de virtuales operaciones de la Alianza Transatlántica en el espacio considerado como "área de influencia" de Moscú.

Manifestante contra el presidente Lukashenko.La guerra por el control del petróleo en la región, los intereses que subyacen detrás de las redes de la droga y el tráfico de armas infiltradas por la CIA y los servicios secretos rusos, así como las disputas estratégicas entre Rusia y Estados Unidos por áreas de influencia, son factores esenciales que cuentan en las "revueltas naranja" que hasta ahora -salvo Uzbekistán y Belorrusia- han terminado con gobiernos pro-Washington en la región.

En una exposición ante el parlamento, en junio pasado, el jefe del servicio secreto ruso dijo disponer de datos que confirman que algunas organizaciones extranjeras no gubernamentales están preparando nuevas "revoluciones de terciopelo" en el espacio postsoviético, montadas en procesos electorales.

Entre las organizaciones no gubernamentales a las que utilizan los servicios secretos "extranjeros" mencionó el Cuerpo de Paz de EE UU, la Medialuna Roja saudí y algunas organizaciones de Kuwait.

"En Occidente determinadas fuerzas, agarrándose a los estereotipos de la "guerra fría", están promoviendo la política de estándares dobles respecto a Rusia en el intento de debilitar sus posiciones en el espacio de la antigua URSS", afirmó Patrushev y agregó que lo confirman los sucesos en Ucrania, Georgia y en otros países.

En opinión de expertos occidentales y rusos las llamadas "revoluciones de terciopelo" de Georgia, Kirguistán y Ucrania no fueron tales sino movimientos golpistas "democráticos" orientados a sustituir gobiernos fieles a Moscú por otros que respondieran a los intereses de Washington.

Las protestas y los movimientos de caos planificado y desestabilización callejeros tras comicios electorales (Georgia, Ucrania y Kirguistán) fueron organizados por ONG financiadas y dirigidas por Washington utilizando las redes económicas de la CIA canalizadas a través de la USAID, según informes de la inteligencia rusa expuestos en el Parlamento moscovita.

Esta fórmula intentaron aplicarla después de las elecciones en Bielorrusia, pero esta vez sin ningún éxito.

Según la agencia Prensa latina, la fórmula naranja aplicada "exitosamente" en Ucrania de calentar la calle en medio del ambiente electoral también se repitió en Bielorrusia, con la diferencia en que en este país el presidente
Lukashenko
cuenta con respaldo popular y un escenario de gobernabilidad sin caos político.

Según la corresponsal de la agencia cubana, los ataques mediáticos contra quien llaman el "último dictador europeo" comenzaron en septiembre pasado a la par del anuncio de sanciones por parte del Consejo del Parlamento Europeo para asfixiar económicamente al gobierno bielorruso y generar descontento interno.

En una alianza a dos manos Estados Unidos amenazó entonces con cortar todas las fuentes de financiamiento al gobierno de Lukashenko, según Prensa latina.

El próximo paso en la escalada fue apuntalar con dinero a la oposición más radical con la estrategia del candidato de Occidente -igual que en Kiev- Alexander Milinkevich y arrastrar a las acciones subversivas al resto de los aspirantes social-demócratas, añade la corresponsal.

W
ashington (como ya ensayó en Ucrania y en Georgia) se apoyó en
los países del Báltico que en calidad de nuevos miembros de la OTAN para derrocar por medio de un "golpe naranja" electoral al presidente de Bielorrusia.

Con la ampliación de la OTAN con "socios confiables" de las ex repúblicas soviéticas de Europa del Este, Estados Unidos consiguió la consolidación de su poder geopolítico y militar estratégico en la región, en desmedro de Rusia, y China que ven afectadas y desestabilizadas sus fronteras y áreas de influencia.

El caos y la desestabilización planificada con las "revoluciones de terciopelo" en el Asia Central forman parte del mismo proyecto estratégico, cuyo objetivo central apunta a desestabilizar las fronteras y áreas de influencia de Rusia con el propósito del control militar y geopolítico sobre las ex repúblicas soviéticas.

E
n esa línea estratégica,
Washington colocó a Bielorrusia en la lista de países "dictatoriales" y violatorios de los derechos humanos. En otras palabras, la misma fórmula que utiliza con los países del "eje del mal" que están en la lista de futuros ataques militares del Pentágono.

S
egún Prensa latina, la derrota electoral del "golpe naranja" en Bielorrusia se debió a su privilegiada situación socio-económica que contrasta con los países donde se impusieron las revoluciones naranjas.

El crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de 1996 a 2004 llegó al 77,4 por ciento, equivalente como promedio a 6,6 por ciento, según datos del Banco Mundial.

En 2005 el PIB aumentó en 9,2 por ciento, calificado como uno de los indicadores más altos a escala mundial, en un informe de la ONU sobre la situación de la economía internacional y perspectivas para 2006.

La población bielorrusa que vive en la pobreza, según el Banco Europeo, representa menos del dos por ciento de la población total del país, mientras en Letonia llega al 11, 5 por ciento, en Lituania es de 6,9 por ciento y en Ucrania los pobres representan un 31,4 por ciento.

Ese factor habría sido decisivo para la abrumante victoria del presidente en las
Lukashenko que Washington y la Unión Europea califican como un "fraude monumental".

Sangran por la herida: a la dupla imperial EEUU-Unión europea, esta vez, les falló la "fórmula".

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